Sergio Job: “La Argentina no puede ser reseteada hacia un individualismo llano”
En una nueva entrega de su columna quincenal en La Maraña, el abogado y militante social Sergio Job reflexionó sobre la importancia de las organizaciones sociales en el actual contexto político argentino. Partiendo de un intercambio con el referente en derechos humanos Lucas Crisafuli, Job planteó la necesidad de construir un glosario de conceptos clave para repensar los acuerdos básicos de la vida democrática, hoy puestos en debate por las políticas del gobierno nacional.
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La propuesta de Crisafulis llevó a Job a recordar a Bernardo de Monteagudo, prócer que fue secretario de San Martín y de Bolívar. Monteagudo, a comienzos del siglo XIX, publicaba en un periódico una serie de “Observaciones didácticas”, textos que buscaban aportar claridad sobre nociones fundamentales de la vida política. Allí aparecía una definición que el columnista consideró central: “ninguno es libre, si es injusto”. Una afirmación que se contrapone a la visión actual que pretende imponer la idea de libertad como un privilegio individual por sobre el bien común.
Tomando ese legado, Job se detuvo en uno de los términos propuestos para el glosario: organizaciones sociales. Frente al discurso oficial que niega la existencia de la sociedad, subrayó que esta se constituye justamente en la dinámica de interacciones entre personas, con formas que se ordenan en torno a la cooperación o la competencia, y espacios de articulación que pueden ser el Estado o el mercado. En esa trama se conforma una cultura que da sentido a lo colectivo.
Desde lo etimológico, explicó, el concepto de organización remite a “herramienta”. Las organizaciones sociales son entonces herramientas creadas por los pueblos para sostener sus proyectos materiales y espirituales en el tiempo. En Argentina, esa noción se despliega en un amplio ecosistema de formas y nombres: organizaciones de base, movimientos campesinos, sindicatos, asambleas vecinales, radios comunitarias, cooperativas, mutuales, clubes, bibliotecas populares, bachilleratos populares, colectivas feministas, comunidades indígenas, entre muchas otras.
Para Job, la densidad histórica organizativa de la sociedad argentina hace imposible creer que un gobierno pueda “resetearla” en nombre de un individualismo extremo. La creatividad, la persistencia y la diversidad de experiencias colectivas han sido la marca de cada coyuntura histórica. Para el no será posible que esta riqueza organizativa desaparezca por decreto ni por discursos que buscan despolitizar a la ciudadanía.
Sin embargo, advirtió que el desafío actual no es menor. En contraste con la explosión social que caracterizó a la crisis del 2001-2003, la coyuntura presente se parece más a una implosión: un malestar hacia adentro, menos visible, que dificulta la articulación de respuestas comunes. Allí radica, dijo, una de las grandes preguntas de nuestro tiempo.
La columna cerró con un interrogante que quedó flotando para la audiencia: ¿qué forma debe tener hoy una expresión social, política o cultural que logre aunar la multiplicidad de organizaciones que habitan nuestro país? La respuesta, planteó Job, será clave para superar la encerrona que propone una minoría gobernante desconectada de la historia y del presente de la Argentina.

