Disolver Vialidad Nacional sería romper las arterias de la Argentina

Mientras el gobierno nacional avanza con un decreto que podría desarticular uno de los organismos más estratégicos del país, trabajadores y trabajadoras de Vialidad Nacional levantan la voz para explicar por qué esta institución es clave para el desarrollo y la soberanía de todas las regiones.

🎧 Escuchá la entrevista completa con Juan Pablo Peñaloza:

Este miércoles 6 de agosto el decreto 461/2025 entra a debate en la Comisión Bicameral del Congreso, y desde la Dirección Nacional de Vialidad decidieron hacer pública una carta a diputados y senadores. También se sumó otra carta abierta escrita por el ingeniero Juan Pablo Peñaloza, trabajador del organismo, que dialogó con La Maraña para detallar los impactos que tendría esta decisión y por qué defienden con orgullo su rol.

Vialidad Nacional fue creada por ley en 1932, y desde entonces su tarea fue planificar, proyectar, construir y mantener la red troncal de caminos del país. En palabras de sus trabajadores, “es el sistema circulatorio de la Nación”, porque une pueblos, provincias, pasos fronterizos, universidades, hospitales, puertos, aeropuertos y mucho más.

Adorni anuncia la disolución.

Desde el organismo aseguran que las políticas de desfinanciamiento y vaciamiento no son nuevas, pero se han profundizado con fuerza en los últimos meses. El decreto 461/2025 propone la disolución de Vialidad Nacional para transferir sus funciones a las provincias o al sector privado. El problema es que la mayoría de las provincias no tiene la capacidad técnica ni el presupuesto necesario para garantizar esa tarea. Y el mercado privado solo invierte donde hay rentabilidad: no va a llegar a regiones alejadas ni a caminos rurales con baja circulación.

Esto no solo implica desarticular al único ente con visión federal y planificación estratégica a largo plazo, sino también perder cuadros técnicos altamente capacitados que se formaron durante años en el Estado. Y con ellos, se iría buena parte del conocimiento acumulado para preservar y ampliar una red vial con mirada nacional.

En la entrevista, Peñaloza recuerda que Vialidad no es solo obra pública. Es también información, control, mantenimiento invernal, estudios de tránsito, auditoría y trazabilidad. Y que muchas de esas tareas no pueden ser llevadas adelante si se pierde la estructura actual.

Además, disolver Vialidad Nacional implicaría eliminar un espacio clave para la transparencia y la eficiencia de las obras públicas. A diferencia de los contratos público-privados, que en la experiencia argentina fracasaron en casi todos los casos, el sistema estatal garantiza controles, auditorías, cumplimiento de normativas ambientales y laborales, y una ejecución ordenada de los presupuestos.

El reclamo no es solo por defender puestos de trabajo. Es por defender una visión del país con rutas seguras, accesibles y pensadas para integrar, no para excluir. Es por el derecho a una Argentina unida por caminos, donde el desarrollo llegue a cada rincón y no se concentre en pocas zonas urbanas privilegiadas.

Como señala la carta abierta: sin Vialidad Nacional, no hay federalismo, no hay integración ni hay planificación. Solo hay fragmentación, desigualdad y más negocio para unos pocos.

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