Implosión social y desafíos militantes: la columna de Mercedes Ferrero en La Maraña
En su espacio quincenal “Desafíos Militantes en Tiempos de Crisis”, Mercedes Ferrero retomó una pregunta que había dejado abierta Sergio Job en otra columna de La Maraña: ¿qué herramientas sociales y políticas necesitamos en esta crisis que, a diferencia de otras, parece ser una crisis implosiva? Desde allí, abrió un camino de reflexión sobre las formas de militancia y organización que pueden permitirnos vivir mejor en tiempos difíciles.
🎙️ Escuchá la columna completa de Mercedes Ferrero en La Maraña
Para abordar la cuestión, Mercedes compartió lecturas del libro “Implosión, apuntes sobre la cuestión social en la precariedad“, escrito por Leandro Barttolotta e Ignacio Gago para el colectivo Juguetes Perdidos. Este trabajo se centra en lo que llaman una “sociología de barrio”, una mirada que nace desde los territorios y permite ver procesos invisibles para la sociología tradicional.
La idea de “implosión” refiere a procesos internos, subterráneos, que no estallan en las calles sino que se manifiestan hacia adentro: consumos problemáticos, problemas de salud mental y cargas emocionales que recaen sobre los vínculos más cercanos. Estas dinámicas afectan el tejido social de manera silenciosa, distinta a los estallidos que irrumpen en la esfera pública con actores reconocibles y sujetos identificables.

En palabras del libro, “un estallido social es siempre más o menos organizable, desde actores reconocibles y posiciones de sujeto identificables a golpe de vista. Las implosiones sociales, en cambio, son caóticas, difusas, esquivas, se producen en la mezcla, en territorios híbridos y sin respetar fronteras políticas”. También marcan que, así como el estallido responde al cansancio de los cuerpos, la implosión se vincula a un cansancio privatizado que aguanta más de lo que debería, sin volverse visible.
Mercedes planteó que reconocer esta dimensión es clave para pensar qué herramientas necesitamos hoy. Una de ellas es construir narrativas colectivas que nos permitan nombrar la implosión social como lo que es: una consecuencia de políticas que atacan la trama de la vida, y no una falla individual de quienes la padecen. Mover el problema del ámbito privado al espacio común es, para ella, el primer paso para reconstruir tejido social.
La columnista subrayó la importancia de dar valor a los procesos colectivos que surgen desde abajo, en los territorios, y que muchas veces quedan invisibilizados en las lecturas más tradicionales. Se trata de reconocer la politicidad de la vida cotidiana y apostar a formas de organización que puedan representar esa mirada.
Mercedes también reflexionó sobre la necesidad de multiplicar la solidaridad y la ayuda mutua, para que el peso de las dificultades no quede en los hombros de unos pocos. La crisis actual nos obliga a generar herramientas colectivas que alivianen esa carga y permitan sostener la vida comunitaria.
Finalmente, convocó a no dejar de lado las fiestas y los festejos colectivos. Los espacios de encuentro y celebración son parte esencial de la resistencia social, porque allí se recuperan fuerzas, se reconstruyen lazos y se alimenta la esperanza necesaria para enfrentar la adversidad.

