“Un comportamiento no es un diagnóstico”: contextos y alternativas

En su columna Con el foco en el diagnóstico, el Dr. Marcelo Piñeyro reflexionó sobre la sobrediagnosis del TDAH y el autismo, cuestionando la evidencia biológica dominante. A partir de autores como Sami Timimi y la psicóloga argentina Beatriz Janin, Piñeyro planteó la urgencia de pensar la salud mental infantil desde una mirada más amplia, contextual y ética.

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Para comenzar, Piñeyro retomó el análisis de Sami Timimi, psiquiatra británico que sostiene que “la evidencia sobre el TDAH es escasa”, y que su diagnóstico responde en gran medida a condicionamientos sociales, culturales y educativos más que a alteraciones cerebrales definidas. Desde esta perspectiva, el TDAH aparece como una construcción cultural, donde comportamientos diversos se etiquetan por simple falta de comprensión social.

Piñeyro también retomó el trabajo de la psicóloga y psicoanalista Beatriz Janin, presidenta de Forum Infancias, espacio que lucha contra la patologización y medicalización de la infancia. Janin sostiene que el autismo ha sido sobrediagnosticado y que los diagnósticos a menudo se instalan desde una mirada reductiva:

Esta lectura implica entender que muchos niños son etiquetados por una conducta aislada, desconociendo todo su contexto. Janin advierte que los diagnósticos pueden encerrar a niñas, niños y adolescentes en etiquetas que limitan su desarrollo, cuando en realidad el sufrimiento psíquico puede tener múltiples causas y expresiones.

Piñeyro compartió que en sus inicios trabajó en psicología experimental, cercana a la neurociencia. Sin embargo, su formación lo llevó a cambiar de enfoque, hacia una mirada más plural e interdisciplinaria. La experiencia académica y clínica lo convenció de la necesidad de interrelacionar saberes sociales, psicoanalíticos y comunitarios para problematizar los fracasos de la medicalización infantil.

Por su parte, Janin lanzó una publicación con un título provocador: Niños desatentos e hiperactivos. Reflexiones críticas sobre el trastorno por déficit de atención. Allí propone que muchas etiquetas se sustentan en manuales clasificatorios (como el DSM), que funcionan como ordenadores al servicio de intereses institucionales más que de subjetividades reales.

Piñeyro destacó que una de las explicaciones de por qué se etiqueta en exceso está en la mirada externa que se ejerce sobre el niño. De esta forma, el diagnóstico se convierte en parte del problema. Las herramientas clasificatorias, lejos de ser neutrales, pueden contribuir a la construcción de la identidad del niño como un “enfermo” más que como un sujeto histórico en crecimiento.

Esta corriente crítica es minoritaria en el campo de la salud mental, pero está en expansión, y realiza investigaciones que buscan incluir las condiciones sociales, educativas y familiares como parte de los diagnósticos. Piñeyro resaltó que este enfoque exige retomar la centralidad del vínculo, la escucha y la convivencia comunitaria como fundamentos de la salud.

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